Aida y la historia del antiguo Egipto

¿Cómo es posible determinar en qué época de la vasta historia de Egipto se desarrolla Aída?

Verdi y su libretista no son muy específicos al señalar que Aída se desarrolla en Egipto “durante la época de los Faraones.

“El término “Faraón” (que en antiguo egipcio significaba “gran casa” o “palacio”) data de casi tres mil años antes de Cristo. En esa época, Menes, considerado como el primer Faraón, unificó al Alto Egipto (el área sur del desierto) con el Bajo Egipto (el área del delta que se abre hacia el Mar Mediterráneo) y fundó la Primera Dinastía. Treinta dinastías y aproximadamente 3.000 años después, el término seguía siendo usado para describir al gobernante. Aún después que Alejandro el Grande conquistó Egipto en el 332 a.c. y su general griego Ptolomeo se convirtió en gobernador de Egipto, aún se utilizaba el término.

¿Pero, qué otras indicaciones existen en la ópera? La historia de Egipto se divide generalmente en tres “Imperios”, o períodos durante los cuales Egipto se unificó bajo los gobernantes más estrictos y se realizaron los más grandes logros.

El Antiguo Imperio – establecido alrededor de 2700 a.c. con Menfis como la capital en el Bajo Egipto.

~~período intermedio~~, durante el cual los jefes rivales originaron un gran caos y los gobernantes más fuertes surgieron finalmente para fundar el:

Imperio Medio – alrededor de 2000 a.c., pero con Tebas como capital, permaneciendo así hasta el siguiente:

~~período intermedio~~, cuando un pueblo asiático llamado los Hicsos controlaró Egipto.

Nuevo Imperio – fundado alrededor de1600 a.c.

Como Verdi señala en su primera escena que Menfis es el lugar donde se encuentra el palacio del Rey, podemos asumir que Aída se desarrolla en el Antiguo Imperio. En ese caso, las grandes pirámides, maravillas del mundo antiguo, estaban siendo construidas en las afueras de las puertas mismas de los palacios y templos a través de los cuales Aída, Amneris y Radamés caminaron.

Geografía: Gran parte del estilo de vida y la interacción del antiguo pueblo egipcio fue resultado de la geografía de Egipto mismo. A pesar de que el antiguo Egipto tenía aproximadamente el tamaño de Texas y Nuevo México juntos, el 99% del pueblo (aproximadamente el mismo que en la actualidad) vivía en una franja angosta a lo largo de las verdes riberas del Río Nilo, que se extendía casi 800 millas a través del desierto y los peñascos áridos del Mar Mediterráneo. El Nilo, que inundaba sus riberas cada año, irrigaba la tierra, depositando una capa de limo fresca que permitía obtener una rica producción agrícola. El Nilo hacía de Egipto un país rico y autosuficiente, y las fronteras de las montañas y desiertos lo mantenían relativamente libre de invasores. Sin embargo, el aprovechamiento del Nilo para la obtención de todos sus beneficios requería de una verdadera cooperación y su unión bajo un gran líder, el Faraón, parecía la mejor manera de lograrlo.

Religión: La única diferencia entre los egipcios y otros pueblos de la antigüedad en este aspecto fue que para los egipcios el Faraón no era únicamente un líder, él era un dios. Para los antiguos egipcios, no existía separación alguna entre la vida religiosa y la vida secular. Todo lo que les sucedía era visto como resultado de la voluntad de los dioses: les rezaban, trabajaban para ellos y les ofrecían obsequios. Ya que Faraón también era un dios, los egipcios nunca se cuestionaron el rendirle servicios o el entregarle ofrendas.

En el antiguo Egipto, a muchos dioses se los representaban con forma de animales: leones, cocodrilos, chacales y pájaros. Más adelante, surgieron los dioses con cuerpos de hombre y cabezas de animales. Horus, el dios con cabeza de halcón que siempre fue asociado personalmente con los reyes, es un ejemplo. Finalmente, los dioses surgieron con forma totalmente humana. Uno de los primeros fue Phtah, el dios de los artesanos, patrono de la ciudad de Menfis y que se creía era el creador del universo. En el Acto I, Escena II de Aída, Ramsés confía la espada y armadura sagradas (hechas a mano por Phtah) a Radamés (Verdi llama al templo “El Templo de Vulcano”. Vulcano fue posteriormente un dios romano, pero también era el dios de la metalurgia, por consiguiente, de los artesanos). Otros dioses importantes eran:

Re – el dios Sol
Anubis – el guardián de las tumbas con cabeza de chacal
Osiris – emperador del mundo terrenal
Isis – esposa de Osiris, diosa de la magia

Muerte: La muerte también era parte integral de la perspectiva del mundo y el comportamiento de los antiguos egipcios. Todo apuntaba hacia la vida después de la muerte. Si un hombre gozaba de riquezas y bellezas durante su vida terrenal, sus tesoros eran enterrados con él para que pudiese gozar de ellos después de su muerte. Si un hombre pobre trabajaba arduamente en esta tierra, su vida de ultratumba sería más fácil y más feliz, tal vez una de las razones por las cuales tanto Radamés como Aída hablan frecuentemente de la muerte como la solución al problema de su amor prohibido. El Faraón, después de reinar en esta tierra, también reinaba sobre vivos y muertos en su vida de ultratumba. La eternidad era un concepto real para los antiguos egipcios y justificaba las enormes faenas e inversiones necesarias para construir las gigantescas tumbas, pirámides y templos, cargando inmensos bloques de piedra cortados de canteras con herramientas primitivas, a través de los espacios desiertos, para producir monumentos que son admirados aún por los ingenieros modernos.

Entierros: También se realizaba un gran esfuerzo para preparar un cuerpo para su entierro, ya que la creencia egipcia era que si bien el alma dejaba el cuerpo a su muerte, se esperaba que fuera posible regresar a éste durante la eternidad. Se utilizaban procedimientos elaborados, algunos de ellos duraban hasta setenta días, para momificar los cuerpos de las personas importantes, con sales, especies y resinas, y después eran envueltos en varias capas de lino e introducidos en varios féretros de tamaños sucesivamente mayores. El proceso tuvo tanto éxito que muchas momias aún existen en la actualidad en excelente estado de preservación. La preparación adecuada para el entierro era importante para todos los egipcios, pero especialmente para aquellos de posición elevada. El entierro de Radamés y Aída, vivos y sin esta preparación, hace que su castigo sea particularmente cruel.

Arquitectura: El énfasis religioso en la eternidad se refleja además en la arquitectura egipcia. Solamente templos y tumbas eran construidos o labrados en piedra, de manera que el dios o humano que ellos adoraban pudiera ser adorado por siempre. El material de uso común en la construcción en el antiguo Egipto era el ladrillo de barro, cocido al sol. Se obtenía fácilmente, duraba por lo menos una vida entera cuando se le cuidaba, y podía utilizarse para una simple choza o para un lugar con cien habitaciones. Existen muchas razones para creer que los palacios de los Faraones, aunque ninguno haya sobrevivido, eran tan elaborados en su construcción de ladrillos de barro como los templos lo eran en piedra. Las paredes, como las paredes de sus tumbas, se recubrían de yeso y eran decoradas bellamente con escenas de la vida diaria. Aun cuando a los egipcios no les gustaban gran cantidad de mobiliario, éste era hecho con belleza y decorado con oro, marfil y piedras preciosas. No hay duda alguna que, teniendo la más alta posición en la sociedad egipcia, el Faraón, Amneris y Ramfés vivían en lujosos ambientes, vestían telas hermosas y usaban (tanto hombres como mujeres) gargantillas, pulseras y anillos de exquisita fabricación a mano.

Estilo artístico: Aunque ya señalamos que probablemente Aída tuvo lugar durante el Antiguo Imperio, a un escenógrafo le sería muy difícil diseñar escenarios con apariencia egipcia para cualquier período. El estilo del arte y la arquitectura egipcios, establecido durante el Antiguo Imperio, permaneció casi exactamente igual durante sus 3.000 años de historia. Las figuras, ya sea talladas en relieve o pintadas en los muros, casi siempre aparecen con la cabeza y las piernas en perfil, pero los hombros y el torso aparecen en pose frontal. Prácticamente no existe la intención de sombrearlos para mostrar redondez o profundidad alguna. Las estatuas frecuentemente tienen forma de bloque, con superficies planas que permiten las inscripciones jeroglíficas que describen al sujeto. Existen varias razones para esta continuidad de estilo: la mayor parte del arte era religioso y estaba sujeto a convenciones religiosas; el Faraón era el patrono principal, y sus peticiones tenían prioridad sobre la creatividad artística individual; además, los egipcios eran conservadores por naturaleza. Durante el breve reinado del Faraón Akenatón, un reformador religioso, parte del arte se tornó más naturalista, pero después de su muerte y del regreso de la religión de rigor, el arte también regresó a la reproducción de las formas antiguas.

Akenatón fue sucedido por un rey niño sin importancia, que vivió poco y cuyo nombre, miles de años después, se convertiría en uno de los más conocidos en el reino del arte e historia egipcios. Se trata de Tutankamón, cuya tumba, prácticamente intacta por los ladrones de tumbas, se descubrió en 1922. Los invaluables tesoros artísticos que fueron enterrados con él le dieron al mundo una imagen enteramente nueva de la clase de artefactos egipcios que habían sido robados hacía tiempo de las todas las otras tumbas faraónicas y dispersados y desmantelados por su oro o sus joyas.

Puede parecer extraño que el mismo estilo, con variaciones mínimas, permaneciera durante 3.000 años. Sin embargo, es un arte extremadamente hermoso, y siempre será reconocido como arte egipcio.

Fuente: Extraido y editado de los archivos dela Metropolitan Opera de N. York.

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