Lohengrin de Wagner en el Teatro Colón

Imponente puesta de la ópera de Richard Wagner en el Teatro Colón. Lohengrin es el sexto título de la presente temporada lírica en el máximo coliseo de este lado del mundo y como tal no pasó en absoluto desapercibido. Puede ser por su director de escena, Roberto Oswald, quién sorprendió con una cuidada creación llena de simbolismos y una colosal presencia de la iluminación. O por una Orquesta que sonó de manera ajustada de principio a fin en manos del director Ira Levin, logrando por momentos un juego de sonidos en el que los músicos se mudaron, cada vez que fue necesario, del foso a detrás de escena o a los palcos. Brillante creación de Levin con sus músicos para un Lohengrin que dejó mucho más de lo hasta acá expuesto.

El barítono James Johnson fue, por confirmadas percepciones, el mejor intérprete de este “Lohengrin” que tuvo en general varios desaciertos en la interpretación de sus voces. Johnson llevó adelante el personaje de Friedrich de Telramund, un ser noble y honesto que a la sombra de su esposa queda inmerso en la  desgracia, la mentira y la deshonra. El “Telramund” de Johnson es brillante, una voz impecable con una emisión importante y sin altibajos. Es que Johnson es un experimentado intérprete que deslumbra desde hace años en las principales salas líricas del mundo. Un gran cantante y actor, el resultado es claro: un vasto artista profesional dentro de un mundo donde la perfección es el objetivo. Johnson fue la estrella de este “Lohenhgrin” que deja claras deudas en el rol de los cantantes si tenemos en cuenta que Friedrich de Telramund es el tercer papel en orden de prioridad de la obra.

La mezzosoprano Janina Baechle en la piel de Ortrude, esposa de Telramund, llevó adelante su interpretación con deslealtades en la emisión de su voz, cuenta con un buen timbre y volumen considerable pero su tesitura no es estable y a raíz de esto su interpretación fue incontrolable y poco armoniosa. Su caracterización de la hechicera es muy buena pero no fue suficiente en un espacio en el que por sobre todo importa el canto. Una vez  finalizada la obra Janina Baechle no salió al escenario a saludar dejándonos a los presentes la inquietud de “por qué”, si fue por algún motivo personal o para evitar el abucheo del público. Si fuera por esta rechazable práctica pregunto: ¿Quién está en condiciones de abuchear a alguien? Existen ovaciones, aplausos e indiferencia a la hora de premiar a un artista, pero abuchear es como mínimo un signo de mala educación. Dicha devolución no debería existir en un contexto infinitamente valioso como el del arte.

Continuando con los intérpretes de la ópera es justo destacar a un “tímido” Richard Crawley que fue fortaleciendo su presencia vocal a medida que se sucedían los actos. Crawley, quien carece de un volumen considerable, fue de menor a mayor dejándonos muy complacidos con su interpretación de “Lohengrin” que mereció una importante ovación en el final. Su voz, de buen timbre y vibrato igualado en el tercer acto, fue una demostración de importante madurez vocal. Por su parte la soprano danesa Ann Petersen cumplió de muy buena manera el rol de Elsa de Brabante por poseer una importante voz aunque lamentablemente no se conjuga con una buena y constante emisión. Debo decir que su caracterización de Elsa de Brabante me hacía ver en escena a la grandiosa Joan Sutherland ya que su parecido físico era notable. Por momentos me dejaba llevar por su voz y su imagen y era como estar asistiendo a la increíble presencia de la tan recordada diva.

Lohengrin narra la historia de un caballero del Grial e hijo de Parzival que viaja al reino de Brabante a orillas del Escalda, reino de Heinrich I, para defender a la princesa Elsa quien fue acusada por la hechicera Ortrud y su marido Telramund de un crimen que no cometió. Estos personajes protagonizan la historia de Lohengrin de Wagner. El papel de Heinrich I lo llevó adelante el bajo Kurt Rydl quién descolló en su interpretación. Su voz flexible de bajo ligero le da brillo a un personaje justo y noble.

Hay que destacar de la obra en general al dúo de Ortrude y Telramund en el comienzo del segundo acto “Erhebe dich, Genossin meiner Schmach!”, donde el barítono James Johnson y la mezzosoprano Janina Baechle se lucen en un contexto oscuro y perverso muy bien delineado por Roberto Oswald. También es de destacar el dúo de Elsa con Lohengrin del tercer acto “Atmest du nicht mir die süssen Düfte”, con brillantes exposiciones del tenor Richard Crawley y la soprano danesa Ann Petersen. Una mención especial merecen los fragmentos corales, muy presentes en esta obra y a los que Wagner les da un carácter de jurado constante de la acción, de lo que sucede en escena, haciéndolos partícipes de las decisiones. El Coro Estable del Teatro Colón bajo la dirección del maestro Peter Burian no dejo lugar a dudas, fue una eximia e imponente presencia vocal!

Decía que Lohengrin en el teatro Colón no pasó para nada desapercibido y como principal motivo mencioné la puesta en escena de Roberto Oswald. El experimentado reggie quiso con esta nueva puesta de Lohengrin (quinta en su haber de esta obra) llevar a escena una propuesta basada en los símbolos de Lohengrin y su leyenda. Una puesta sencilla que nos da espacio para crear nuestra propia idea de la leyenda del caballero del Grial. “Una presentación minimalista” según su autor que para mí dejó mucho más que el simbolismo y el surrealismo de la idea, dejó la firme sensación de que Lohengrin puede vivir en algún lugar al que todos podemos acceder y a su vez dejarnos llevar al surrealismo de un ser de luz que asiste a la humanidad en pos de un mundo mejor hasta que la realidad se encarga de despedirlo con su crudeza y sádica visión de lo palpable. Nada existe si no lo vemos.

Lohengrin de Wagner fue el sexto título de la presente temporada del Teatro Colón y no pasó desapercibido, tuvo momentos muy buenos y otros no tanto… ¿Acaso no se trata de una obra de Wagner? Un compositor y hombre que nunca resultó inadvertido en vida y no solo por ser un genio de la música. Después de todo, de eso se trata la existencia.

Fuente: Alejandro Villarreal  – Director de hagaselamusica.com

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