Rolando Villazón vuelve triunfante a Covent Garden con un Werther a su medida

El tenor mexicano Rolando Villazón ha vuelto triunfante a la Royal Opera House, escenario de algunos de sus éxitos anteriores, con un Werther, el héroe romántico de Jules Massenet, hecho a su medida. Villazón, que sufrió una operación en las cuerdas vocales que hizo temer por su carrera, demostró en su debut en ese papel en Covent Garden un completo control de su instrumento, aunque no tenga el poder desbocado de antes.

Villazón es claramente consciente de que debe cuidar su voz sin extralimitarse, recurriendo más a la técnica, y el resultado la noche del estreno fue una actuación a la vez mesurada y brillante.

El joven tenor mexicano da perfectamente el tipo del personaje creado por Goethe, en el que se inspiró el compositor francés para una de sus mejores obras, un héroe que han cantado otros grandes tenores líricos como Alfred Kraus o José Carreras.

Villazón interpretó con una mezcla de pasión y sinceridad al joven héroe trágico que se suicida por la imposibilidad de consumar su amor con la mujer a la que una mujer casada.

Frente a él, la francesa Sophie Koch, una mezzosoprano de timbre vibrante, compuso una muy convincente Charlotte en el papel de la mujer casada en cuyos brazos acabará Werther tras pegarse un tiro mortal.

También merecen elogios la joven soprano japonesa Eri Nakamura como Sophie, la hermana de Charlotte, el barítono francés Alain Vernhes, en el papel del padre de ambas, y el noruego Audun Iversen como Albert, el marido de Charlotte.

La producción que podrá verse ahora en días distintos hasta el 21 de mayo es la estrenada en este mismo teatro en 2004, que firma el cineasta francés Benoït Jacquot.

Es una puesta en escena tradicional, pero de gran belleza estética, con decorados que en un primer acto se limitan a una pared cubierta de yedra, pasan luego a una terraza cubierta de hojas caídas bajo un cielo inmenso de tormenta, muestran en el tercer acto un interior claramente inspirado en las pinturas del danés Vilhelm Hammershoi para terminar en un pequeño cuarto bohemio mientras fuera cae silenciosa la nieve y se oyen voces infantiles.

A diferencia de otros famosos suicidios y de la muerte del propio Werther en la novela epistolar de Goethe – “Las Tribulaciones del Joven Werther”, que provocó una oleada de suicidios románticos en la Europa de su tiempo- el de la ópera de Massenet es un suicidio que podría calificarse de “feliz”.

Werther muere en los brazos de su amada, que termina confesándole su amor y a la que aquél se unirá en ese momento final, antes de que la muerte le libere del tormento de seguir viéndola casada con otro hombre en un aburrido matrimonio que sigue las convenciones burguesas.

La ópera de Massenet es rica en efectos y su música se adapta en todo momento a las situaciones y emociones que se viven en el escenario con personaje perfectamente trazados, armonías muy complejas en el caso de Werther, que reflejan la naturaleza turbulenta de su pasión, pero también momentos de luminoso lirismo para describir la faceta hipersensitiva del héroe.

Al frente de la orquesta de la Royal Opera House, Antonio Pappano dejó que la música de Massenet brillase en todo su esplendor, aunque en algunos momentos de entusiasmo no impidiese, cosa rara en un maestro tan sensible a las necesidades de los cantantes, que el sonido ahogase algo las voces, entre ellas la de Villazón.

Joaquín Rábago.

Fuente: © EFE 2011

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