ABC de la Opera

noches de opera¿Qué es la ópera?

La ópera es un arte total en el que confluye la música, el canto, la poesía, las artes plásticas y, en ocasiones, la danza. En cada obra todos los componentes de la ópera combinan su expresividad y belleza. Esta compleja alquimia hace que cada función sea un espectáculo extraordinario, monopolizando la vista, el oído, la imaginación y la sensibilidad del público, en el que todas las pasiones humanas están en juego.

El libreto: El libreto es el texto de una ópera. Se puede tratar de una creación original, a menudo escrita por famosos poetas o novelistas (como Hugo von Hofmannsthal y Stefan Zweig para las obras de Richard Strauss), pero también puede ser la adaptación de piezas de teatro (Shakespeare fue una gran fuente de inspiración para los libretistas), cuentos o novelas. Los sujetos que se desarrollan en el libreto son variados: amor prohibido, infidelidad, venganza, sed de poder, la guerra, mitos antiguos o eventos históricos.

Con tales temas, la ópera habita en un universo donde las pasiones humanas explotan. Amor, tragedia y muerte suelen estar en el centro de la acción. Los personajes, a veces se debaten entre sus sentimientos y el deber, se enfrentan a situaciones extraordinarias y se dejan llevar por la exacerbación del sentimiento. Este exceso de ardor les consume, y suele llevar a cometer actos de violencia y, a veces, hasta la muerte. Amor a primera vista, el sacrificio, el encanto, el coraje, el suicidio y el asesinato cohabitan en el libreto. Algunos personajes son castigados por sus crímenes, otros encuentran la redención o se ven afectados por el remordimiento … pero a veces, ¡también hay un final feliz!

El canto: A diferencia del teatro, el texto en las óperas se canta. La emoción y la intensidad del canto tienen un impacto directo en el peso y sentido de las palabras.
Hay diferentes voces clasificadas en seis principales categorías, desde las más agudas hasta las más graves: soprano, mezzo-soprano y contralto para las mujeres; tenor, barítono y bajo para los hombres. Además, las voces se caracterizan igualmente por su poder y agilidad: pueden ser ligeras, líricas o dramáticas. Una voz ligera no suele ser muy intensa, pero puede llegar fácilmente a notas agudas y vocalizar, a diferencia de una voz muy dramática, que si es muy fuerte, pero no tan ágil.

Las voces se asocian generalmente al tipo de roles para empatizar algunos de los aspectos de los personajes,ya sea su personalidad o su naturaleza. En la ópera Carmen de Bizet, Carmen es una seductora indomable que ha visto mucho mundo. Por este motivo lo canta una mezzo-soprano, una voz profunda y cálida. En el otro extremo podríamos tener a Gilda, en la ópera Rigoletto de Verdi, que lo interpretan las sopranos líricas, pues una voz clara y aguda simboliza la pureza e inocencia del personaje.

La música: La música expresa de otra manera las emociones y la acción que tiene lugar en el escenario. En la mente de la Camerata fiorentina (consulte la página “Historia”), cuyas investigaciones y estudios sobre el teatro griego clásico les condujeron a la creación del género operístico, la música estaba al servicio del libreto: “Prima le parole, dopo la musica” (“las palabras primero, la música después”). Pero esta concepción es cuestionable. Se trata de una discusión antigua y permanente: según las épocas, el libreto y la música han ido alternando su primacía.
En realidad, la música no sólo sirve al libreto y al canto: los completa y exalta, poniendo de relieve la intensidad de las situaciones, pasiones y sentimientos de los personajes.

Al jugar con los ritmos, tonos, melodías y matices, los compositores aprovechan el extraordinario poder de sugestión de la música con el fin de crear atmósferas particulares, que las letras o la puesta en escena solamente no pueden crear. Algunos autores utilizan motivos musicales recurrentes para representar un carácter, una emoción o un concepto. En el preludio de El oro del Rin, Wagner logra relatar el nacimiento del Rin. La ópera comienza con un acorde único que emerge lentamente de silencio y resuena en las profundidades infinitas: el Rin sale del caos primigenio. Poco a poco los motivos se van uniendo a este acorde inicial, hasta la creación de una melodía: primero los instrumentos de metal, con un sonido majestuoso, luego los de cuerda, más etéreos, como si fueran espuma en la superficie del río. Cuanto más se anima la orquesta y se enriquece este preludio, más rápidos se vuelven los motivos, como si el mismo Rin se agitara hasta formar espuma.

La música está más allá de las palabras. Se dirige directamente al corazón del público y atrae tanto su sensibilidad como su imaginación.

La puesta en escena: Antes del siglo XX, la dimensión teatral de la ópera era marginal. En el siglo XVII, las representaciones eran más bien estáticas, pareciéndose más a un concierto con vestuario. La puesta en escena ganó importancia cuando la programación de los teatros de ópera se centró más en el repertorio existente que en nuevas creaciones. Sólo es en el siglo XX que el canto y la puesta en escena empiezan a ser vistos con la misma importancia.
Los escenarios operísticos, sin embargo, han sido siempre fascinantes, con espectaculares efectos visuales y gran maquinaria. Las posibilidades escénicas se beneficiaron del desarrollo tecnológico, y hoy en día los efectos especiales, tecnología digital y las proyecciones visuales se usan en muchas de las producciones.
Un montaje no es una simple ilustración de una obra, pues requiere un concepto o un sentido. El director sugiere una visión para una ópera. Este punto de vista puede estar cerca del libreto y de las concepciones del autor, o puede ser una interpretación más personal. Algunos directores de escena transponen la acción en otra era, en otras situaciones o en un contexto intemporal e inmaterial.
Estas transposiciones ponen de manifiesto ciertas dimensiones de las obras y enriquecen su significado revelando aspectos desconocidos. Por ejemplo, en una producción moderna, los temas que suceden en una ópera barroca pueden presentarse de un modo muy actual. Estas perspectivas cambian la manera en que el público percibe y comprende las obras. De esta manera, la ópera se recrea y se reinventa constantemente. Antes que suba el telón, nadie sabe qué sucederá en escena. Esto es lo que hace la ópera tan emocionante.

Historia de la Opera :: Cuatro siglos de ópera

  • El siglo XVII, el periodo barroco y los comienzos de la ópera: La ópera nació en Italia a finales del siglo XVI. Un grupo de músicos e intelectuales florentinos, la Camerata fiorentina, estaban fascinados por la antigua Grecia y se oponían a los excesos de la música polifónica renacentista. Los miembros querían revivir lo que se creía que era la simplicidad de la tragedia antigua. La primera ópera que todavía hoy se representa fue La Favola d’Orfeo (La leyenda de Orfeo), compuesta por Monteverdi en 1607, hace ya más de 400 años. En las primeras óperas, la intención era hacer música subordinada a las palabras. Así pues, estaban formadas por recitativos sucesivos con un pequeño acompañamiento instrumental y marcadas por interludios musicales. Después de Florencia y Roma, Venecia se convirtió rápidamente en el centro de la ópera. En esta ciudad se abrió en 1637 el primer teatro privado de ópera, lo que llevó el género a un público más amplio. La ópera se extendió por toda Europa, y en 1700 los centros operísticos principales fueron Nápoles, Viena, París y Londres.
  • El sigo XVIII, Bel canto y reforma clásica: Dos formas operísticas se desarrollaron durante el siglo XVIII: la ópera seria y la ópera buffa. La ópera seria se centraba en la tragedia y se inspiraba a menudo en la mitología. Las partes solistas principales solían ser cantadas por los castrati. Ariodante de Handel (1735) es un ejemplo de ópera seria. Por otro lado, la ópera buffa, cómica, presentaba una serie de personajes ordinarios y argumentos más ligeros. Los roles principales los interpretaban los tenores o bajos. Un ejemplo de este estilo, que apareció a comienzos del siglo XVIII, es Las bodas de Figaro de Mozart (1779).
    Mientras que las primeras óperas se esforzaron en reforzar el papel de las palabras, a finales de la época barroca todo giraba entorno el bel canto. Este “hermoso canto” dio primacía al virtuosismo vocal. En reacción opuesta un estilo más simple, en el que el texto y la música estaban más estrechamente aliados, prosperó a partir de finales del siglo XVIII. En las óperas clásicas, el canto sirvió a la idea dramática, y no al revés. También se utilizaron coros y conjuntos para subrayar el carácter colectivo de las emociones humanas. Christoph Willibald Gluck inició esta reforma (Ifigenia en Tauris, 1779), que luego influenció a muchos otros compositores.
  • El siglo XIX: Verdi y Wagner, el siglo dorado de la ópera: Con el auge de los nacionalismos, distintas tradiciones se desarrollaron en diferentes países. La era romántica se inició con las obras del compositor alemán Carl Maria von Weber (Der Freischütz, 1821; Oberon, 1826). El género mezclaba rasgos serios y cómicos, absorbiendo aspectos de la música sinfónica, con temas derivados de la vida contemporánea o historia reciente. Richard Wagner revolucionó el mundo de la ópera durante la segunda mitad del siglo XIX, desde El holandés errante (1843) hasta Parsifal (1882) y la tetralogía de El anillo de los Nibelungos (1869-1876). Wagner juntó música, drama, poesía y puesta en escena en lo que llamó “drama musical”. En sus óperas, la orquesta pasó a ser parte de la trama, y usó frecuentemente el leitmotiv, un tema musical ligado a un personaje, evento o idea.
    En Italia, la voz siguió siendo predominante. La tradición belcantista perduró con fuerza, combinada con personajes y temas de la ópera buffa. Los ejemplos son: El barbero de Sevilla de Rossini (1816), Norma de Bellini (1831) o El elixir de amor de Donizetti (1832). Guiseppe Verdi fue el mayor compositor del siglo XIX italiano. Con su estilo apasionado y vigoroso, compuso obras en las que el gran espectáculo iba de la mano de las emociones más sutiles (La Traviata, 1853, Aida, 1871).
    En Rusia y en Europa del este, se desarrolló una tradición propia inspirada en la historia (Boris Godunov, Mussorgsky, 1869-1874) o en la literatura nacional (Eugene Onegin, Tchaikovsky, 1879). En Francia, la “Grand Opéra”, con grandes efectos escénicos, acción y ballet. También la “Opéra Comique”, en la que se incluyen diálogos recitados, fue muy popular (Carmen, de Bizet, 1875) en dicho país.
  • El siglo XX: el auge de los individualismos: Los comienzos del siglo XX siguieron las tendencias de finales del XIX. Puccini fue el mayor compositor italiano de ese tiempo, con obras como Tosca (1900), Madam Butterfly (1905) o Turandot (1926). Otras óperas famosas de esa época fueron Pelleas y Melisande de Debussy (1902), Salomé de Strauss (1905) y La zorrita astuta de Janacek (1924).
    Más adelante, aparecieron obras más bien individuales, y no tanto enmarcadas en grandes tendencias generales. Las óperas de Alban Berg (Wozzeck, 1925; Lulu, 1937) contrastan con las de Kurt Weil, inspiradas en el jazz y música popular (La ópera de tres centavos, 1928). Benjamin Britten compuso tanto óperas “tradicionales” como Peter Grimes (1945) como óperas de cámara.
  • El siglo XXI: una partitura todavía para escribir…: Hoy la oferta operística es más variada que nunca. La puesta en escena se ha convertido en un elemento clave en las nuevas producciones. Las grandes obras del repertorio se reinterpretan constantemente y todavía tienen mucho éxito. Estas óperas se presentan junto a obras nuevas y otras de más antiguas redescubiertas. En este sentido, la ópera está en constante evolución para ser disfrutada por el mayor número de público posible.

Pequeño glosario operístico

  • Aria: melodía vocal o instrumental, cantada con o sin acompañamiento, que representa el momento en el la acción se detiene y permite al personaje expresar sus sentimientos. Utilizada especialmente en la ópera, la aria es una prueba para la voz del cantante.
  • Ballad opera: género operístico que combina diálogos, danza y canciones populares que reelaboran las arias de las antiguas baladas. Un típico ejemplo de este estilo, muy apreciado en Inglaterra durante el siglo XVIII, es The Beggar’s Opera (1728) de John Gay. El equivalente alemán es el Singspiel.
  • Bajo: la voz masculina más grave. El bajo generalmente se asocia a los roles de hombres sabios, ancianos, y a veces, con personajes graciosos.
  • Barítono: voz masculina media-baja, se asocia con una gran variedad de personajes en el siglo XVIII, y más particularmente, con los roles antagonistas del siglo XIX.
  • Barroco: período de la historia musical que transcurre desde la época de Monteverdi (1600) hasta la muerte de Bach (1750). Las óperas barrocas se caracterizan por sus argumentos fantasiosos y el uso libre de la decoración vocal.
  • Castrato: cantante con una voz intacta obtenida por castración antes de la pubertad. Los castrati conservaban su tono infantil al mismo tiempo que se benefician de un volumen más amplio gracias a los pulmones de un adulto. El virtuosismo, la extensión vocal y el poder incomparable de sus voces eran muy populares en las óperas italianas de los siglos XVII y XVIII. Esta práctica se originó debido a la prohibición de escuchar voces femeninas en público. A finales del siglo XVIII, sin embargo, la castración se prohibió, dando lugar a la desaparición de los últimos castrati a lo largo del siglo siguiente. Hoy en día los roles de castrato los cantan los contratenores o las mezzosopranos.
  • Clasicismo: período entre las eras barroca y romántica, que va desde el año 1750 hasta el 1830 (aproximadamente, desde el nacimiento de Mozart hasta la muerte de Beethoven). Las óperas de esta época reintegran el texto con la música, y son mucho más refinadas que las obras barrocas.
  • Coloratura: una melodía muy elaborada, característica clave del bel canto italiano o de la aria de la Reina de la Noche en la ópera La Flauta Mágica (Mozart, 1791). De manera general también describe el intérprete de dicha música; originariamente los castrati, luego tanto las voces femeninas como masculinas.
  • Comedia musical: obra teatral que deriva de la opereta y que incluye música, canciones y bailes.
  • Contralto: voz femenina oscura, noble y patética, bastante poco frecuente en la ópera. A menudo está vinculada con personajes ancianos, sirvientas, madres, abuelas o brujas. “Contralto” es una palabra que describe una extensión vocal y no debe confundirse con “alto”, que hace referencia a una parte de la música coral y que no es necesariamente cantada por contraltos.
  • Contratenor (o soprano masculino o alto, dependiendo del tono): voz masculina que usa el falsetto como técnica vocal. El contratenor vivió sus momentos de gloria durante el Renacimiento y el período barroco, y luego desapareció casi por completo hasta que dicha música se redescubrió durante la segunda mitad del siglo XX. No se debe confundir con “haute-contre”, que es un tenor muy agudo.
  • Finale: en una ópera, es la última sección de un acto o de la obra entera. Puede ser cantado por todo el conjunto de roles principales o por todos los personajes en escena.
  • Leitmotiv: término musical (melodía, acorde, ritmo) asociado a un personaje, idea, estado mental o lugar. Wagner los usó en sus dramas musicales no solo para enfatizar un tema, también para mostrar cómo se iba modificando a lo largo del argumento.
  • Libreto: el texto de una ópera, que significa literalmente “libro” en italiano. Habitualmente está escrito por un autor o poeta (llamado libretista), pero también puede tener la firma del mismo compositor.
  • Mezzosoprano: palabra italiana que designa “la mitad” de una soprano; es la segunda voz femenina más aguda. Con voces más profundas y cálidas que las sopranos, las mezzosopranos generalmente juegan un rol secundario, como puede ser el de mujer madura, niñera, traidora, bruja, tentadora o incluso chicos jóvenes.
  • Obertura: pieza musical con la que se abre o inicia una ópera, y en la que generalmente se introducen los temas principales.
  • Ópera: obra dramática con música y canto. Más vocal en Italia, más teatral en Alemania, más visual en Francia, la ópera se puede dividir en dos grandes ramas: la ópera seria que se asemeja a la tragedia y trata temas mitológicos o históricos, y la ópera buffa (cómica) con personajes extraídos de la vida cotidiana.
  • Opéra comique: obra musical francesa que contiene diálogos hablados, equivalente al Singspiel alemán o la Ballad opera inglesa. A pesar de su nombre, los temas tratados en las opéras comiques pueden ser serios, como la Carmen de Biezet (1875).
  • Prima donna: la “primera mujer” es la cantante que interpreta el papel principal en una ópera. El término se volvió de uso general durante el siglo XIX después de la desaparición de los castratos (“primo uomo”), dejándolas a ellas como las más populares. A menudo también se usa como sinónimo de “diva”, diosa en italiano.
  • Recitativo: estrofas de canto libre, en un tono más parecido a la declamación que a la canción. En la ópera, el recitativo sirve a menudo para narrar la acción y hacer avanzar el argumento, mientras que las arias ponen el acento en las emociones.
  • Romanticismo: período en la historia musical que sigue al clasicismo y que aproximadamente transcurre entre el 1830 y los inicios del siglo XX. Es el estilo que caracteriza el siglo XIX, especialmente las óperas de Verdi, Tchaikovski y Wagner. El rigor del clasicismo se remplaza por la libertad de expresión y la primacía de los sentimientos.
  • Singspiel: obra alemana con diálogos y canto, y con un argumento más ligero o cómico. Es similar a la ópera comique francesa y la ballad opera inglesa. El rapto en el Serrallo (1782) de Mozart es un Singspiel vienés tradicional, mientras que su La flauta mágica (1791) combina también elementos de ópera seria.
  • Sinopsis: el argumento de una ópera.
  • Soprano: la voz femenina más aguda y la que tiene los roles más grandes del repertorio. Las sopranos pueden ser heroínas trágicas, mitológicas o doncellas en apuros, pero también chicas astutas y graciosas.
  • Tenor: la voz masculina de pecho más aguda y popular en la ópera. Los roles de tenor van en paralelo a los de las sopranos: son el héroe o el amante, pero a veces también el enemigo.
  • Tessitura: la palabra italiana que designa el tejido o la textura. Describe el rango de notas que puede abarcar fácilmente un cantante. El ambitus designa la totalidad de las notas que pueden ser alcanzadas; desde la más aguda a la más grave.

Fuente: Extractos de http://www.opera-europa.org/

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